La Clarividencia
Este fenómeno tiene muchas maneras de nombrarlo: videncia, lucidez, clarividencia, metagnimia (más allá de la conciencia), telestesia (sensación lejana), criptestesia (sensibilidad escondida), pero todas se refieren a la percepción extrasensorial, independiente de las mías de los sentidos y de eventuales comunicaciones telepáticas, de objetos guardados en cuerpos opacos o de hechos objetivos de los cuales nadie, salvo el paragnosta, tiene ningún conocimiento.
El término clarividencia significa “visión clara”, y si bien no es totalmente exacto, se continúa usando a pesar de todas las denominaciones alternativas que se han propuesto por distintos estudiosos del fenómeno.
No es fácil clasificar los fenómenos que se incluyen dentro de la clarividencia, las afinidades y diferencias a veces son sólo aparentes. Como todos los hechos paranormales, éstos se presentan a menudo en forma híbrida, unidos a fenómenos telepáticos o precognitivos. Para dar una distinción formal, la clarividencia se divide en dos grupos de fenómenos diferentes:

- conocimiento paranormal de objetos escondidos;
- conocimiento paranormal de objetos lejanos.
En cuanto al primer grupo, se habla de modo más específico de:
- criptoscopia, cuando el sensitivo lee libros cerrados, reconoce objetos guardados en cajas cerradas o cubiertos por cuerpos opacos;
- autoscopia, o visión de los propios órganos internos;
- eteroscopia, o visión de los órganos internos de los demás con posibilidad de diagnóstico clarividente;
- inversión de sensibilidad es el caso de un sentido sustituido por otro; generalmente es la vista reemplazada en la mayoría de los casos por el tacto. El sujeto que posee esta facultad logra, por ejemplo, leer un escrito sin servirse de los ojos, utilizando, en cambio, la yema de los dedos.
En relación con la clarividencia a distancia, se la divide generalmente en:
TELESTESIA
El sujeto, en estado de sueño, vigilia o de trance liviano, percibe un hecho o un objeto lejano como imagen que, de improviso, ocupa su campo visual, con posibilidad de diagnosticar enfermedades a distancia.
CLARIVIDENCIA OBJETIVA O DOBLE VISTA
Se trata de la facultad de percibir en estado de vigilia seres incorpóreos, escenas o imágenes del más allá. Se trata de un fenómeno que escapa a todo control y que la ciencia ignora, atribuyéndolo a fantasías alucinatorias de mentes enfermas. Son muchos, de todas formas, los que afirman haber percibido en el momento de la muerte de una persona, una especie de nube, de forma más o menos corpórea, saliendo del cuerpo del muerto y alejarse de él. Otros declaran poder ver imágenes de difuntos, santos, demonios, gnomos o hadas. También la aparición de figuras místicas como la Virgen de Lourdes o de Medjugore, hace referencia a este tipo de fenómenos.
CLARIVIDENCIA VIAJERA
Se trata de un fenómeno más difícil de explicar y de aceptar, puesto que presupone conocimientos o principios extraños a la mentalidad común. Se habla de clarividencia viajera en el caso del sujeto que, en estado de sueño o trance, tiene la impresión de realizar una verdadera excursión a lugares lejanos que luego llega a describir detalladamente. Se acostumbra a llamar a este fenómeno, de manera más o menos arbitraria, experiencia extracorpórea, proyección astral y bilocación.
Mientras que en la clarividencia común, o telestesia, parece ser el hecho percibido el que se acerca al sujeto, en la clarividencia viajera es el sensitivo quien, a través de la extroflexión de un sentido o del interior del cuerpo astral, alcanza el hecho o el objeto, de modo que lo percibe directamente.
La diferencia reside en el hecho de que el sensitivo no se mueve objetivamente del asiento en que yace adormecido o en estado de ligero trance. Una posible explicación puede darse a partir de los dictados de la teosofía, según la cual el ser humano está constituido de un alma y un cuerpo contenidos el uno en el otro de modo semejante a esas graciosas muñecas rusas de madera pintada, llamadas matrioske. Nuestro cuerpo material, el que habitualmente llamamos cuerpo físico y que perece con la muerte, constituye en realidad sólo el envoltorio externo, envuelto por un segundo cuerpo formado por átomos más livianos, llamado etérico, contenido a su vez por el cuerpo astral, aún más leve y circundado por el cuerpo mental, el más sutil de los cuatro. Ninguno de estos cuerpos, ligados a la materia , es inmortal. Esta cualidad es propia del alma, la llama divina que los ilumina; pero antes de disolverse definitivamente, éstos permanecerían durante un tiempo más o menos largo en estado vibratorio en otra dimensión, lo cual explicaría la posibilidad de comunicarse con los difuntos.
El cuerpo astral, ligado al cuerpo físico mediante una especie de cinta, llamada el cordón de plata, tendría la facultad, mediante técnicas especiales, en estado de trance o en el sueño, de salir del cuerpo físico, de alejarse velozmente a gran distancia, pues ya no está sujeto a las leyes físicas de la materia, y de retornar luego rápidamente al cuerpo físico, al cual está ligado hasta la muerte.
En los casos de clarividencia viajera, en consecuencia, sería el cuerpo astral, después de haber dejado el cuerpo físico, por voluntad propia o por sugerencia de un experimentador, el que viajaría en el espacio y reportaría los detalles de lo que le circunda. Los cuerpos sutiles constituirían, en resumen, especies de dobles del cuerpo físico, dotados de facultades extrañas a éste: alejarse velozmente en el espacio, atravesar la materia, alcanzar dimensiones distintas a las nuestras de las cuales traer informaciones y consejos. En tales situaciones, se tendría también la visión simultánea de todas las caras de un objeto y de su interior, en una relación de total identificación entre el que observa y la cosa observada.
El mundo astral no conoce formas ni dimensiones, todo en él es un vértigo de sutiles vibraciones, donde los pensamientos y sentimientos son perceptibles a los sentidos y donde la memoria del universo, el pasado, el presente y el futuro del mundo está a disposición de que acceda a él.
La sensibilidad se extraceba, los sentidos se agudizan. Las personas que han experimentado la salida consciente a lo astral refieren siempre haber tenido sensaciones muy vívidas: colores brillantes, distintos, luces y transparencias inusuales, ruidos y sonidos desconocidos para el oído físico. Parece que también los niños dotados en los primeros años de vida de sentidos sutiles, ponen en juego con facilidad las facultades sensoriales astrales destinadas a disolverse con el crecimiento, pero que son las responsables de tantos fenómenos extraperceptivos de la edad infantil.
En el adulto, la forma más difundida de clarividencia es la espontánea, limitada para la mayoría al mundo onírico, pero a veces manifiesta bajo la forma de intuiciones o alucinaciones durante la vigilia.
Es bastante frecuente también el caso de sensitivos que no presentan de modo espontáneo ninguna capacidad de clarividencia, pero que al ser oportunamente estimulados mediante los llamados apoyos, bolas de cristal o borra de café, péndulos de radioestesia o naipes de juego, desarrollan y refuerzan sus facultades escondidas. El paragnosta necesita, en este caso, de una ayuda para hacer que eso se dispare, para entrar en ese especial estado de conciencia que es responsable de la visión clarividente.
También la clarividencia, al igual que la telepatía, ha sido explicada de diversas formas, si bien aún no ha sido posible su verificación científica.
Para algunos, como ya hemos dicho, a cada órgano físico le correspondería uno astral (y la extraña sensibilidad que permanece después de la amputación de algún miembro así lo confirma). El cuerpo astral, al funcionar de un modo espiritual, sería por lo tanto capaz de trascender las barreras del espacio y del tiempo, poniéndose en condiciones de percibir imágenes extrañas al ambiente que le circunda.
La teoría de la influencia espiritista, en cambio, afirma que la clarividencia sería posible no gracias a los medios del sujeto, sino mediante la intervención de un ser desencarnado que, como tal, ha accedido a dimensiones prohibidas para el vidente. Esta entidad, después de haber sido testigo de escenas lejanas, las imprimiría telepáticamente en la mente del sensitivo.
La teoría del tubo astral sostiene que el individuo dotado de estas facultades se construye una especie de catalejo de materia astral, capaz de observar el espacio.
La teoría de la forma-pensamiento indica, en cambio, que nuestra mente, siempre capaz de crear formas-pensamientos para su propia utilización, envía estas creaciones lejos, haciéndolas funcionar como otros tantos alter-egos a través de cuyos sentidos puede percibir.
Otra hipótesis, por último, sostiene la existencia de una energía definida con varios términos pero un única sustancia; ésta envuelve el universo de un modo permeable, y permitiría continuas comunicaciones entre el hombre y el Todo.
La experiencia del desdoblamiento, base de la clarividencia viajera, es mucho menos infrecuente de lo podría creerse y no tan aterradora.
Cuando el individuo muere, aseguran los teósofos, en el doloroso instante de la separación, que hasta el último momento se intenta retrasar, el alma y el cuerpo (o los cuerpos) astral parten juntos en una dirección extracorpórea dejando el envoltorio externo, ahora privado del aliento y del calor vital, para el llanto y las lamentaciones de los que quedan en la tierra.
Una vez liberado de la angustia de ese obligado y temido pasaje, el cuerpo astral va hacia la luz, hacia los lugares que su propio pensamiento y la fe que siguió en vida le han preparado para él.
Sin embargo, la muerte no representa más que el último de una serie de viajes y separaciones, la definitiva. En efecto, puede suceder que , en determinadas situaciones de la existencia, como un estado de coma, la narcosis, el trance e incluso el sueño, esta experiencia haya sido vivida y removida. Conocer la técnica de “salir del cuerpo”, además de “enseñar a morir”, da al practicante una serie infinita de posibilidades de acción y conocimiento. Entre una salida astral y la muerte hay una única y sustancial diferencia: de la muerte no se regresa jamás o, si se retorna, se lo hace en otro tiempo y en otro cuerpo, en una posterior reencarnación. De un paseo fuera del cuerpo, en cambio, se retorna siempre, vueltos al propio envoltorio por el cordón de plata, un a especie de elástico sutil que une el cuerpo físico al cuerpo astral y que se rompe sólo en el momento de la muerte.
Aquellos que han salido del estado de coma y han regresado a la vida, conservan de él un vago recuerdo. Cuentan que se han podido mover libremente pero que no han logrado comunicarse con los demás sino telepáticamente:
“Veía mi cuerpo inmóvil, algunos metros más abajo; vía a los médicos y a mis familiares alrededor de mí, y no tenía posibilidades de reconfortarlos.”.
Suele haber una luz que los atrae inexplicablemente hacia el otro lado, pero confiesan que han deseado con fuerza regresar a este mundo y lo han logrado.
En efecto, el secreto para volver a entrar en el cuerpo físico desde un estado de coma o un “viaje” es el quererlo intensamente.
Hay un modo consciente de salir del cuerpo controlado por la mente, que está siempre presente de un modo inconsciente: se trata de un fenómeno de desdoblamiento, de una salida, para la cual se dan innumerables sugerencias como autocontrol, dominio mental, y una buena capacidad de visualización son los ingredientes esenciales para hacer un viaje que no tiene lugar únicamente en la fantasía.
LA CLARIVIDENCIA A DISTANCIA
No debe confundirse con la clarividencia viajera en la que el sensitivo llega o tiene la sensación de llegar a un lugar lejano con su cuerpo sutil.
La clarividencia a distancia es inversa a ese proceso paranormal por el cual es paragnosta, que también permanece consciente de su lugar, llega a alcanzar perceptivamente un lugar lejano como si lo pudiera localizar a través de un imaginario catalejo, o como si el lugar deseado se acercara a él.
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