La Oniromancia
Imposible no estar de acuerdo con el inventor del psicoanálisis sobre el hecho de que el sueño representa un desahogo del subconsciente, el aflorar de los deseos, sentimientos, hechos y recuerdos que, almacenados y sacados a la luz gracias a cualquier contenido residual, se han vivido durante el día.
En la zona subconsciente de la psique conviven, junto a los restos arqueológicos de la existencia individual, también fragmentos de comunicaciones con el más allá, de percepciones extrasensoriales,de fenómenos de clarividencia o precognitivos.
El subconsciente individual se encuentra en mutua relación con el subconsciente colectivo, del que toma muchísimos contenidos. El sueño es la puerta a través de la que lo paranormal y la conciencia entran más fácilmente en contacto. Sin hacer de los sueños una manía obsesiva, es conveniente aprender a no ignorarlos, como solemos hacer, por costumbre.

Exactamente lo mismo que revolviendo entre los trastos amontonados en un desván, en algunas ocasiones podemos encontrar un objeto precioso, lo mismo acaece entre el cúmulo de materiales recogidos en un sueño: podemos tropezar con un fenómeno paranormal, un proceso precognitivo.
El sueño es el terreno más rico y más fértil para todo lo paranormal, el contexto donde se desarrolla libre de la rémora de la razón y de las trabas cotidianas.
Pero una acosa es admitir la presencia de lo paranormal en el sueño y otra identificar lo paranormal con los estados oníricos.
Cuando el arcano está bien presente en el sueño, si aflora a la conciencia desde los meandros del subconsciente, en contacto con la realidad universal, debe de ser valorado e interpretado. El subconsciente habla un lenguaje difícil, simbólico y al que es precioso interpretar. Para ello es una buena norma aprender a llevar un diario de los sueños, intentando anotarlo en el momento del despertar, antes de que la mente consciente intervenga para manipularlos, censurarlos, alargar o borrar los contenidos oníricos que le resulten extraños, incómodos.
La parapsicología reconoce los sueños llamados “sueños creativos”, los más frecuentes sueños premonitorios, los sueños “lúcidos” en los que el durmiente sabe que está soñando, y los sueños diagnósticos.
Se trata de escenas oníricas que, en forma más o menos simbólica, proporcionan al durmiente la posibilidad de diagnosticar una patología que todavía no se han puesto en evidencia mediante síntomas. La ciencia oficial niega cualquier paranormalidad a estos sueños que proporcionan solamente la condición de relajamiento ideal en la que el sujeto, ya no coaccionado por los múltiples estímulos del estado de vigilia, puede, finalmente, prestar atención a su enfermedad, mediante las sutiles señales que le envía su cuerpo.
Mensajero del futuro o sabio consejero, forma de comunicación sutil o espía de enfermedades ocultas, el sueño es una parte de nosotros mismos, una gran parte de nuestra vida que hemos de aprender a interpretar para la búsqueda de lo paranormal espontáneo y a utilizar como plataforma, como condición ideal para la potenciación guiada de las facultades extrasensoriales.
La clarividencia onírica representa un sistema validísimo para resolver pequeños y grandes problemas, planteados por la vida cotidiana: encontrar u objeto perdido, diagnosticar el propio estado de salud, conocer mejor a una persona con la que no se logra entrar en relación. Está dotada además de una gran ventaja, respecto a la precognición: su inmediata comprobación. No pasarán semanas, ni mucho menos mese o años.
A veces es difícil darse cuenta de lo arduo que resulta la comunicación interpersonal; muchas veces, es casi imposible.
Remordimientos, miedos, una imagen que defender y por la que luchar, nos impiden manifestar la parte más auténtica del yo, la más vulnerable, pero también la más preciosa. Y sin embargo, son muchas las ocasiones en las que debemos lamentar esta armadura, esa puerta que no sabemos pero que debemos abrir. Y he aquí que interviene la telepatía, la comunicación sutil que trasciende las palabras, aún tímidas, las frases con frecuencia teñidas de falsedad, que querrían decir otra cosa. Libre del miedo y de las barreras corre sobre un invisible hilo de telégrafo, sobre la vibración armónica de dos personas distintas.
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Clasificación de las artes mánticas

Más clara y completa que otras que pueden consultarse, la clasificación de Le Scouézec abarca el espectro que va de la profecía -en el plano más puro y elemental de lo adivinatorio,- hasta la superstición mecanicista, y es aproximadamente la siguiente:
 Publicado el miércoles 13 de enero de 2010 |  |
La predicción del futuro

Adivinar significa predecir la suerte, decir antes, antes de que las cosas sucedan, de que los ojos vean, que los oídos oigan. Se puede afirmar que en este aspecto la Humanidad, desde los tiempos más antiguos, no ha cambiado jamás. La misma inseguridad, el mismo temor y necesidad de saber, la misma inquietante angustia respecto al futuro; y si hoy la Pitia recibe tras previa cita (y una buena compensación económica), si la Sibila Cumana ha cambiado su antro oscuro por un luminoso apartamento en la zona residencial, esto no representa más que ligeras modificaciones en los hábitos y las costumbres.
 Publicado el miércoles 18 de noviembre de 2009 |  |
Otros métodos adivinatorios

La adivinación por los posos del café es una práctica antiquísima y desusada, grotesca incluso, pero válida. Valida porque ofrece imágenes confusas, extrañas, estilizadas, trazadas por el dedo del acaso, en las que el sensitivo se apoya para llegar al estado de conciencia más apropiado para permitirle la adivinación.
 Publicado el miércoles 18 de noviembre de 2009 |  |
El Oráculo I-Ching

El I Ching es una práctica oriental muy antigua que combina tanto las enseñanzas puramente mentales como las de carácter adivinatorio y oracular. Se trata de un libro chino cuyos primeros textos se remontan al 1200 A.C. y se engloba dentro de los Cinco Clásicos Confucianos. En cuanto a su finalidad, se trata de una fuente de sabiduría de la vida, ya que sirve como guía espiritual en la experiencia vital del individuo. Como oráculo, se trata de una herramienta para hallar la armonía, el equilibrio y la dirección correcta en el camino de la vida, sobre todo para asegurarnos que seguimos la orientación adecuada en nuestras acciones.
 Publicado el martes 10 de noviembre de 2009 |
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